Dientes de sierra

Dip. Omar Ávila /
 
Entre el optimismo oficial que habla de reactivación de dos dígitos y el pesimismo que anticipa una nueva hiperinflación, la mayoría de los venezolanos navegamos este año con una sola certeza: hay que decidir con lo que se tiene, no con lo que se promete. Este artículo no busca alarmar ni tranquilizar, solo intenta poner sobre la mesa los datos verificables -con sus propias contradicciones incluidas- para que cada quien pueda planear los próximos meses con criterio propio.
Nuestro país se mantiene a flote dentro de un escenario político inédito que condiciona directamente a la economía, ya que parte del flujo de ingresos petroleros está hoy sujeto a supervisión externa, con fondos específicos destinados a infraestructura social y eléctrica, según lo difunde la narrativa predominante.
Esa incertidumbre estructural explica, en parte, porqué las proyecciones de crecimiento para 2026 varían enormemente según la fuente que se consulte: desde 2% (CEPAL) hasta 10-12% (Consultoras y economistas locales), e incluso escenarios más optimistas cercanos al 30% ligados a la reactivación petrolera. Cuando los propios expertos discrepan en ese margen, la conclusión honesta es una sola: nadie tiene certeza sobre el ritmo real de recuperación, y cualquier plan personal debe asumir un rango de escenarios, no una única cifra.
Dejando de lado las proyecciones y mirando datos confirmados por el Banco Central de Venezuela (BCV), algunos medios especializados observan que en lo que va de 2026 el comportamiento ha sido errático, no lineal: enero fue especialmente duro (32,6% mensual), febrero también (14,6%), y tras meses de desaceleración, junio volvió a acelerarse a 13,8% —coincidiendo, según los propios boletines del BCV, con los terremotos del 24 de junio—. Julio bajó a 6,2% mensual, con una inflación acumulada en el año de 121,3% hasta ese mes. La lectura correcta no es «la inflación está bajando» ni «está disparada»: es que sigue siendo alta y volátil, con meses buenos y meses malos, y ese patrón probablemente continúe.
Sobre el tipo de cambio, puede notarse que el dólar oficial del BCV pasó de 633 bolívares a comienzos de julio a más de 757 bolívares al 10 de agosto, un salto de casi 20% en poco más de un mes; mientras la devaluación oficial acumulada supera el 140%. La diferencia entre el dólar oficial y el paralelo se redujo de más del 40% a comienzos de año a cerca de 12% a la fecha de escribir este artículo. A primera vista parece buena noticia -y en algo lo es-, porque reduce la distorsión de precios; sin embargo, varios economistas advierten que la reducción no es consecuencia de más dólares disponibles en la economía, sino que el BCV ha devaluado agresivamente la tasa oficial para acercarla al paralelo.
La brecha se cerró devaluando el bolívar oficial, no fortaleciendo la economía y consultoras locales califican esta calma cambiaria como un «espejismo coyuntural» que podría revertirse. En tal sentido, desde Unidad Visión Venezuela le sugerimos a nuestros conciudadanos planificar los próximos meses el gasto de sus ingresos sin necesidad de pánico o sobrerreacción, entendiendo que la inflación no está desapareciendo, solo está cambiando de ritmo.
Que el dólar paralelo y el oficial estén más cerca no garantiza que sigan así el resto del año, algunos analistas locales definen este comportamiento como «espejismo»; por lo tanto, convendría no tomar decisiones grandes (compra de bienes, contratos a largo plazo), asumiendo que esta convergencia es permanente.
La velocidad de la recuperación petrolera, la ejecución de acuerdos con actores externos y la evolución política son variables que ningún hogar puede prever con precisión, porque son factores fuera del control ciudadano.  Eso no es motivo de parálisis, sino de prudencia: mientras más incierta es la variable externa, más vale mantener flexibilidad en las decisiones propias y evitar comprometerse con deudas rígidas, mantener reservas de liquidez cuando sea posible, diversificar fuentes de ingreso si la situación lo permite.
Desde este espacio nos atrevemos a recomendar que vale la pena consultar más de una fuente antes de tomar decisiones importantes, y desconfiar tanto del triunfalismo institucional como del catastrofismo de ciertos análisis en redes sociales. La realidad, como muestran los propios datos del BCV, está en un punto intermedio: mejor que el abismo de 2018, pero lejos de una estabilización consolidada.
No existe una fórmula única para prepararse ante una economía con esta volatilidad, que se asemeja a los dientes de sierra; en conclusión, cualquier consejo o narrativa que prometa certezas debe verse con sospecha. Lo que sí sugiere la evidencia es un principio simple: el venezolano debe decidir con horizontes cortos, mantener flexibilidad financiera, diversificar cuando sea posible, y revisar los datos con regularidad en lugar de asumir que la tendencia de un mes se mantendrá todo el año.
Venezuela vive en un terreno intermedio donde la información confiable -no el optimismo ni el pesimismo- es la mejor herramienta con la que cuenta cada ciudadano. Para finalizar, aclaro que este artículo no constituye asesoría financiera personalizada; cada lector debe evaluar su situación particular, idealmente con el apoyo de un asesor calificado.
 
dip.omaravila@gmail.com
www.unidadvisionvzla.blogspot.com
X e Instagram:
@OmarAvilaVzla
 

Entradas relacionadas